martes, 4 de octubre de 2011

Y usted... ¿prohibiría los toros?

Las promesas se cumplen, y aquí estamos, dándole al callo dialéctico. Vamos con los toros (y puede que alguna cosa más, que si no esto se eterniza), ahora que están de moda.

Vaya por delante que ninguno de los dos es taurino, ni taurófilo, ni cosa que se le parezca. Simplemente, nos gusta ver de vez en cuando (sólo de vez en cuando, que diría Serrat) alguna corrida, si nos la encontramos en televisión. Por lo tanto, si hay toros, bien; y si no los hay, también. No es algo que nos quite el sueño.

Pero no nos molestan las personas a quienes sí les gustan, y no impediríamos que pudieran continuar con su afición. El que quiera, que pague y vaya, y el que no, que se quede en su casa, o que vaya al cine, o que haga puenting, o que vaya a Chueca a ver el ambiente o a catarlo... Nos da exactamente lo mismo. Pero el afán de prohibir es superior a cualquier otra consideración de tipo democrático que puedan tener según qué sujetos... Los pijiprogres, porque es lo que mola en este momento; los rojiverdes, porque no puede ser de otra forma; los izquierdosos rancios, porque las corridas de toros son cosa de la derechona; los neo-izquierdosos, porque ... ya se les ha olvidado, pero por algo será. Pero todos, toditos, le han hecho el juego a los izquierdo-nacional-socialistas catalanes, para quienes el mayor pecado de las corridas de toros no es que el animal sufra (cosa que a la mayoría le trae al fresco, a tenor de sus declaraciones) o que pueda ser un espectáculo violento (que lo es, pero no más - y probablemente menos - que otras cosas que vemos a diario por televisión)...

No. El gran problema de las corridas de toros, para esa gentecilla, es que es La Fiesta Nacional de España, y ellos, ya se sabe, son españoles a tiempo parcial, solamente cuando se encuentran en dificultades si están por ahí fuera, o cuando tienen que pedirle pasta a Papá Estado, o cuando los secuestran al hacer turismo piji-ONGeico por Mauritania... Entonces sí son españoles, europeos e incluso occidentales, si hace falta.

¿Ellos se lo pierden? Seguro. Pero fue su decisión. No olvidemos que, en las últimas elecciones, echaron a los nacional-socialistas de Montilla y Carod, para quedarse con los pijo-nacionalistas de Mas... Y sellaron su destino, y el de los toros. ¿Que no hay mucho más donde elegir? Puede, aunque los matices siempre son buenos y convenientes, para que no todo sea rojo o verde, negro o blanco, azul o amarillo.

Una última cosa: he ido, en mi vida, menos de media docena de veces a espectáculos taurinos, y solamente una vez siendo adulto, y consciente de dónde me metía (el resto de las ocasiones fue siendo niño, y en fiestas de pueblo, por lo que casi ni cuentan) Así que, insisto, no soy taurino, y no tengo por qué defender algo que me importa poco. Pero lo que no puedo soportar es la prohibición porque sí, sin respetar los derechos de todos aquellos (y son muchos, créanme) a quienes sí les gusta y sí les importa.

Y esto, sin entrar mucho en consideraciones de tipo económico, porque si a eso vamos, ¿alguien piensa que los ganaderos van a criar toros de lidia para que estén pastando tranquilamente en las dehesas? ¡Ja! Si esto sigue así, si los prohibidores profesionales consiguen salirse con la suya, acabaremos viendo a los toros de lidia en los documentales del National Geographic, y en los zoológicos (excepro en el de Barcelona, donde no podría entrar un Toro de Lidia Español, ¡faltaría más!, solamente Burros Catalanes)

Al final, dejaré los otros temas para más adelante, que éste ha salido muy largo. Lo siguiente: el tabaco, o las hamburguesas, o... ya veremos. De las armas no pensamos ocuparnos, de momento, puesto que no constituyen un problema como en Estados Unidos. Tal vez lo dejemos para el final de la serie.

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