miércoles, 19 de octubre de 2011

La culpa siempre es del otro

En estos días de vergüenza ajena, de dislate mastodóntico, de no saber dónde mirar, es notorio el hecho de que siempre, siempre, la culpa es del otro. ¿No se consigue la paz en el País Vasco? La culpa es del PP, y de los maketos, y de todos aquellos que no quieren reconocer la realidad vasca (entendida desde el punto de vista etarra, of course)


¿En los colegios no se alcanzan unos mínimos? Evidentemente, la culpa es de la derechona, que no hace más que alentar y apoyar la escuela privada, dejando de lado la enseñanza pública. Curiosamente, en las comunidades que no gobierna la derecha, o que ha empezado a gobernar hace unos meses, pasa exactamente lo mismo... Será que la izquierda es la derecha, y viceversa o así.


¿Los niños no aprenden catalán en Cataluña? Más claro que el agua, la culpa es de los charnegos y los nacionalistas españoles, empeñados en arrinconar la noble lengua de Verdaguer y de Serrat que, como todo el mundo mundial sabe, es hablada en todas partes, incluso más que el swahilli.


¿Rubalcaba es calvo? ¡Acabáramos! Es culpa de Rajoy, que se niega sistemáticamente a decirle qué es lo que utiliza para que no se le agrande la coronilla.


¿Zapatero sigue aún en el poder? En este caso, y sin que sirva de precedente, la culpa es suya y sólo suya. O tal vez no; puede que la culpa sea de los ordenanzas de la Moncloa, que aún no han conseguido hacerle comprender que los carteles verdes con un tipo corriendo y una flecha indican por dónde se sale.


Por cierto: Sí hay una cosa, que se repite con demasiada frecuencia (y más de 0 ya es demasiado), en la que la culpa sí es de otros: la violencia cometida en el ámbito familiar (lo de violencia de género es una mamarrachada, y lo de violencia machista una simplificación, aunque sea más frecuente el crimen cometido contra las mujeres) Y sí es culpa de otros porque las autoridades siguen sin tomarselo con la suficiente seriedad; muchos jueces no son excesivamente diligentes a la hora de dictar medidas de protección sobre la persona que las necesite; muchos familiares, educados en el "hay que aguantar", no prestan la ayuda que de ellos realmente se esperaría. Lo que lleva a que muchas mujeres no sean capaces, por diversos motivos, de dar el paso que puede significar la diferencia entre vivir y morir. Demasiadas. Más de 0 ya es demasiado, insisto.


Una última cosa, espero que en un tono más positivo. Mi solidaridad, mi apoyo, para todas las personas que padecen la otra gran lacra de nuestro tiempo, el cáncer, de manera especial en esta semana en que se celebra el día mundial contra le cáncer de mama. Que sepáis que no estáis solas, y que cada vez más personas son conscientes de la gravedad del asunto. ¡Animo!

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