lunes, 27 de junio de 2011

Seguimos con la historia: primeros viajes

Y no, no pienso dar una clase, ni nada por el estilo. Pero es que, aprovechando que está rumiando las últimas novedades del panorama político-festivo de la cosa, a mí me ha dado tiempo a ordenar un poco mis perrunas ideas, y he encontrado hueco para escribirlas. Y aquí estoy.

Aparte del viaje inaugural, aquél en que me metieron dentro de una caja de cartón, hubo alguno más en aquellos primeros días de mi vida con ellos. Recuerdo especialmente uno que hicimos, en compañía de otros ellos (muy divertidos, por cierto, pues no paraban de jugar conmigo y de hacerme mimos) a un lugar que les oí llamar "Cuenca", o algo así. Salimos por la mañana, estuvimos unas horas en el coche, y llegamos a un sitio en el que hacía mucho calor, porque estábamos en julio. Aunque, bien mirado, la cosa no fue tan grave, porque estuvieron llevándome de sombra en sombra, y de vez en cuando me cogían en brazos para que no me cansara (curioso el asunto, porque había que ver cómo resoplaba alguno de ellos al subir una cuesta, por ejemplo, mientras yo iba tan fresco)

Luego volvimos a subir al coche, y llegamos a un sitio que llamaban "Ciudad Encantada" (aunque yo no vi ninguna casa, y no demasiadas personas: ¡hay que ver cómo son estos humanos!) Aquí el paseo fue bastante largo y cansado, por un sitio lleno de tierra, y matojos, y muchas piedras, y cuestas para subir y bajar, y todo eso que, después de un rato, acaba hartando, porque es siempre lo mismo (al menos, desde mi perspectiva, a 30 centímetros del suelo)

Después, vuelta al coche, y a casa a dormir.

El otro viaje que recuerdo de estos primeros tiempos, y que luego se ha repetido todos los años, es a la "playa", un sitio donde hace calor, ellos están vestidos con unas ropas muy extrañas todo el tiempo (yo creía que su piel era de muchos colores, y que se la cambiaban todos los días, haste que los vi en la "playa" y descubrí que se ponen pieles de colores encima de su piel, que es más bien blanquita -como la de mi barriga, más o menos-) Pero bueno, es que son muy raros, ¡qué le vamos a hacer!

Aquí los paseos eran más largos, pero con mucho más calor, aunque de vez en cuando me acercaban a una "fuente" para beber agua, y me aficioné a beber a chorro, cosa que les hace mucha gracia (a mí, no tanta cuando el agua me entra por la nariz) Y aquí me empecé a encontrar con muchos otros como yo, aunque de distintos tamaños (algunos más pequeños; otros, la mayoría, más grandes, pues yo era todavía un cachorro), e incluso hice una "amiga" (según ellos, pues ese término no tiene mucho significado para mí) llamada "Tinka". Ya es casualidad, ya. La verdad es que no recuerdo mucho de ella, pues nos vimos un par de veces. Solamente, que era más o menos de mi tamaño, y que le gustaba jugar y mover la cola.

Y esto es todo, en cuanto a viajes. Que son muy cansados, que acabas hasta las orejas, que estás deseando parar para bajarte del coche y estirar las patas y marcar un poco el territorio nuevo y... Pero bueno, creo que eso mismo les pasa a los humanos (aunque, ahora que lo pienso, nunca les he visto marcar el territorio...) Lo dicho: son muy raros, pero que muy raros, estos humanos.

¡Vaya, ya se ha despertado! Otro día seguiré contándoos mis cosas.

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