Comentaba el otro día mi encuentro con mis dueños, y tal. Hoy quiero hablar de más humanos que he ido conociendo en estos años, y que me gustan más o menos. Aunque, bien pensado, más que menos, siempre que me hagan un mimo o una caricia.
En casa, por supuesto, están mis cuatro dueños, aunque no todos lo han sido siempre, porque al principio, para mí, solamente estaba Él, luego Ella, después mamá, y al final él pequeño, más o menos por este orden. Y es que el macho alfa es el macho alfa, y los demás tienen que ganarse el puesto, ¡faltaría más! Pero, si me preguntas cómo están las cosas ahora, diría que sigue estando Él, y luego los otros tres, según me hagan más o menos caso, paseos incluidos por el campo o por la ciudad. Y me das lo mismo que mi dueña, según los papeles, sea ella. ¡Él es Él, y no hay más que hablar!
Tenemos una vecina que primero tuvo un gato, al que nunca tuve a menos de un metro de distancia, y que ahora tiene un perro ¡que me tiene miedo! Así que, por este lado, no puedo jugar mucho. Eso sí, cada vez que me asomo a su casa me da unas galletas que están muy ricas, así que intento ir siempre que me dejan.
Los humanos pequeños me gustan, en general, porque suelen ser cariñosos en la mayor parte de los casos (el otro día, una humana MUY pequeña se lanzó a acariciarme el lomo y la cabeza, y se marchó diciéndole a su mamá "es muy mono"); aunque hay otros que salen corriendo al verme o se esconden, como mi vecino. Pues ellos se lo pierden.
Luego está "la familia", es decir, los hermanos, padres, sobrinos, primos, cuñados y no sé qué mas de Ellos, a los que vemos de vez en cuando. Y la verdad es que, en la mayoría de los casos, me suelen hacer caricias y mimos, y juegan conmigo, aunque no entiendo muy bien por qué puedo jugar con algunos y no con otros... ¿Será cosa de la edad?
Después, los "vecinos", que son los que viven en otras casas del edificio donde vivimos nosotros, y que en la mayoría de los casos me dicen cosas amables, o me acarician. Todos, excepto una, que me odia (a mí y a todos los perros) y que saldría corriendo si no le pudiera el sentido del ridículo (esto no son palabras mías, que conste: ¿qué es eso del ridículo?)
Y luego están todos los humanos que nos encontramos en la calle, o en el campo, paseando a mis congéneres y que, como nosotros, son de todos los tamaños. Algunos no dejan que nos acerquemos a saludar, y de otros hay casi que salir huyendo. Pero tengo muchos amiguetes, como dicen Ellos, y me gusta jugar con la mayoría de ellos, aunque a los cachorros y a los jóvenes no les tengo mucho aprecio, porque son unos pesados y no respetan canas ni galones...
Para finalizar por hoy, comentaré que hay otro grupo de humanos al que no tengo muy claro, y es el de los veterinarios. Y no es que me traten mal, porque suelen ser cariñosos conmigo, pero es que raro es el día que vamos a ver a uno de estos que no salgo de allí con un pinchazo, o con un miedo tremendo porque me han subido a una mesa brillante, fría y muy resbaladiza, que no me gusta nada de nada. Así que a estos no sé si quererlos o no. Y es que, encima, casi nunca me dan una chuche... De los gatos hablaré otro día.
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