Ante todo, una puntualización: no soy abogado, y el mundo del Derecho es, para mí, la cosa más retorcida del Universo; además, suelo reírme a mandíbula batiente con los chistes que ponen a parir o revelan la "inteligencia" de los que ejercen esa -dicen- innoble profesión.
Sentado esto, quería comentar la última de la Academia del Cine, impidiendo que los menores de 16 años puedan optar a (u obtener) una estatuilla, aunque sus interpretaciones dejen totalmente en mantillas las de cualquiera de sus oponentes "mayores". Y aduce, el presidente de la cosa, que es porque no están preparados para asumir "circunstancias legales no exigibles a un menor". Vale, muy bien, de acuerdo. A un menor, precisamente en razón de su corta edad, no puedes exigirle que tome decisiones que muchas veces cuesta tomar a los adultos, o que intervenga en ellas. Pero la minoría de edad es una enfermedad que se cura fácilmente, cumpliendo años.
Por esto, pienso que, en esta ocasión, el presidente, la Academia, y los abogados ad hoc podrían haberse marcado un tanto magnífico, dejando pendiente la incorporación "con todos sus derechos y obligaciones", hasta cumplir 16 ó 18 años, a los menores que pudieran obtener un cabezón en las próximas ediciones. Es decir, miembros de iure, pero no de facto (por utilizar los latinajos de los leguleyos). Y se continuarían premiando los buenos trabajos y los buenos haceres de la nueva generación, que viene pisando fuerte. Porque siempre será preferible un Goya a un chaval, que a un "mayor de edad" porque no quedaba otro al que dárselo, digo yo...
Aunque, bien pensado, mejor que no lo hagan así, no sea que dentro de unos años la Academia solamente tenga miembros infantiles, y a ver quién queda para pedirle las subvenciones al ministro/a de turno.
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