Después de casi una semana de apenas echarle el ojo más que de pasada, tímido, escondido entre las nubes, hoy luce el sol: radiante, majestuoso, en lo suyo de estas fechas. Lástima, porque habría hecho falta que estuviera oculto unos días más (calculo que con dos o tres habría bastado) para que, finalmente, los progratas mugrientos de la plaza del Sol se hubieran terminado de hartar y hubieran vuelto a sus cubiles. Pero, por desgracia, los vamos a tener que aguantar una temporada más, ahora que les han llegado nuevas órdenes. Porque la "manifestación" de ayer, de la plaza del Sol hasta la puerta del Congreso de los Diputados, ya la podrían haber hecho el día 17 de mayo, o el 19, o el 24, 25 y 26... es decir, cualquiera de los días en que sus señorías se dignan ir a trabajar (si es que van, claro) Pero no, tuvo que ser ayer, y con amenazas de hacer más.
Pero no, estaba claro que las órdenes, una vez superadas y enterradas las intenciones iniciales, eran otras: montar bronca y molestar, sobre todo molestar, a los ciudadanos, en general, y a una ciudadana en particular. ¡Para lo que les ha servido! Pero está claro que toda esta patulea de hijos de la LOGSE no han estudiado Historia, y si la estudiaron no la aprendieron (ni la aprehendieron), puesto que hasta Napoleón se tuvo que dar cuenta de que los madrileños no son como el resto de los mortales. Y después de Napoleón, otros muchos, incluido uno que no se atrevió a entrar en Madrid hasta que finalizó la guerra... ¿Por qué sería?
El caso es que, si desde el principio hubieran dirigido su indignación contra los auténticos responsables, con manifestaciones y acampadas delante del Ministerio del Interior, del Palacio de la Moncloa, del Ministerio de Economía o del Banco de España (es decir, delante de las casas de los que se han hartado de mentir, al punto de que ya no saben cuándo dicen verdad ni ellos mismos), estoy seguro de que los apoyos habrían crecido, en vez de menguar, y tal vez, sólo tal vez, la situación podría haberse movido.
Ahora ya es tarde. Ahora ya no se lo creen ni ellos mismos, los que lo organizaron y los que lo manipularon. Y cada día que pasa es más tarde para buscar una salida digna a todo este embrollo.
Una última cosa, dirigida a comerciantes y vecinos de la plaza del Sol: la próxima vez que se monte una cosa así, deberían pensarse muy bien si los apoyan (como hicieron al principio, ¿recuerdan?), que luego estsas cosas crecen, y los negocios se van a pique, y las calles se convierten en estercoleros, y los turistas se van a otro sitio, y... ¿para qué seguir? en el pecado llevan la penitencia, aunque ésta sea desmesurada.
Por cierto: el remarcado de plaza del Sol viene a cuento de lo único que parecía preocupar a los mugrientos mediáticos: renombrar las cosas para que pareciera que se hacía algo. Ahí también se les vio el plumero. Benditos de Dios vayan, y que en sus casas vayan preparando el Zotal, que esto no se quita sólo con agua y jabón.
¡Ah! Se me olvidaba: Hoy luce el sol, y mañana, también.
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