lunes, 6 de junio de 2011

Odio las tormentas

Y los ruidos fuertes, y los petardos, y la gente que da palmas y, en general, todo ruido que ataca y hiere mi sensibilidad auditiva perruna. ¡Qué le vamos a hacer! No soy un perro perfecto, y estas cosas me ponen muy nervioso, pero que mucho. Y ayer, ¡qué os voy a contar! Volvíamos de estar en el campo, tan tranquilos, ellos sentados en el coche, yo en mi hueco de la parte trasera, cuando ¡badabúm! ¡Brom, rebrom y requetebrom! Se montó la mundial en un momento, y yo me quería hacer pequeñito (aún más) para que no me alcanzara ese ruido terrible. Porque, al fin y al cabo, si cae agua es como si te bañaran, pero sin jabón y paseando, y además luego es muy divertido secarse arrastrándose por el suelo, o la alfombra, o el pantalón del primero que pille, o que me froten con una toalla. Pero los ruidos... Es que no los soporto.

Lo malo es que, según el tiempo que va llegando, empieza la época mala para mí, porque con el calor es cuando más ruido hay: que si tormentas, que si fiestas, que si cohetes, petardos y tracas, que si... ¡´Tiemblo sólo de pensar que se acerca San Lorenzo!

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