lunes, 11 de junio de 2012

Las cosas desde aquí abajo

(Esta entrada estaba pendiente de publicar desde hace más de un año, no sé muy bien por qué. Pero como nunca es tarde, y me gusta mucho cómo quedó en su día, la voy a colocar, tal cual la escribí entonces)

Yo pensaba haber empezado contando cómo se ven las cosas desde abajo (30 centímetros desde el suelo, más o menos), pero lo de mi dueño de ayer me puso tristón, y tenía que contarlo. Así que empiezo hoy, como quien dice.

Desde aquí los olores son muy fuertes, lo que a mí me viene muy bien, pues así puedo saber dónde y con quién estoy. También los colores y los matices que puedo ver. Y las cosas que se mueven. Mi dueño me llama gamberro cada vez que me pongo a correr a las palomas, pero es que no lo puedo evitar: me encanta salir detrás de ellas y ver cómo se escapan, y ladrarles para que se marchen si están lentas. ¡En menudo compromiso me ponen si se quedan a tiro de mordisco!

Es como lo de los humanos que he visto hoy, que llevaban unos trapos grandes de tres colores distintos, y parecían muy contentos, aunque mucha gente les miraba con mala cara. Así, todos agrupaditos, parecían palomas comiendo del suelo, esperando a que vinieran los perros a darles un susto. Pero se quedaron con las ganas, porque no hubo perros, ni gente que les hiciera caso, sino más bien caras de hastío (esta palabra la aprendí de él) y humanos que se daban prisa en hacer sus cosas. Creo que mi dueño decía algo así como que ya son 80 años, y que hay nostálgicos de todo, incluso de lo que nunca debió ser. Eso sí: también decía que le llamaba la atención el que las autoridades no dijeran nada sobre el uso en público de una bandera ilegal, o alegal, o preconstitucional y bla-bla-bla... (ahí desconecté, porque cuando se pone a hablar de política me da dolor de cabeza)

En fin, que el día fue, al menos, colorido. Y colorín, colorado, hasta aquí hemos llegado... por ahora.

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