viernes, 27 de mayo de 2011

En el principio...

No se me asusten, que no quiero plagiar a nadie. ¡Sólo me faltaba que viniera Dios a pedirme derechos de autor! Simplemente, aprovecho que él está distraido, y me pongo a contar mis cosas, que ya va siendo hora.

Según me cuentan, porque yo andaba en otras cosas, debí venir al mundo allá por los inicios de la primavera de 2002 (según cuentan los humanos) De mi familia perruna no recuerdo apenas cosas, salvo una hermana que acabó conmigo en el albergue de la Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Madrid. Y alli, nos metieron en un corralito, con otros 10 ó 15 perrillos jóvenes. Curiosamente (de esto me enteré más tarde), yo era el único macho en una jaula llena de hembras, y las muy brujas mangoneaban todo lo que podían, no dejaban que me acercara al borde de la jaula, y con la comida teníamos nuestras cosas.

Hasta que llegaron Ellos, un día que hacía mucho calor. Pasaron por delante de la jaula, miraron otras, volvieron, y algo se debió remover en mi, porque, cuando se asomaron de nuevo, comenceé a ladrar y llamar la atención, pero desde el fondo de la jaula (ya dije antes que no me dejaban aproximarme) Y ladré, ladré, y ladré, hasta que Él me miró, yo le miré, y aquí estoy.

Fue curioso, porque cuando Él dijo: ¿y ése?, Ellas dijeron: ¿eso?, no sé muy bien por qué, y el otro él, más pequeño, solo dijo algo así como ¡qué mono!. Yo entonces era algo más pequeño que ahora, peludo como ahora, y estaba un poco sucio (como ahora, ya me va haciendo falta un baño), pero nada más. No hacía cosas raras, no me peleaba con la gente, y sólo quería salir de allí y que me mimaran y acariciaran. ¡Y lo conseguí! Él convenció a todos de que yo era lo que andaban buscando (pequeño, macho, joven...) y arreglaron los papeles, me dieron un par de pinchazos, me colocaron un chip y me metieron en una caja de cartón, dentro de su coche, entre ella pequeña y él pequeño. Y me dormí, tan tranquilo y tan feliz.

Lo único que siento es que mi hermana se quedara allí, porque seguramente nos lo hubiéramos pasado muy bien juntos, pero no se puede tener todo en la vida, supongo. Me llevaron lejos del albergue, me compraron una cama y cacharros para agua y comida, y un juguete que todavía conservo (un nudo de cuerda de colores), y comida para cachorros... y cuando me dejaron solo, por la noche, en mi cama, empecé a echar de menos a todas mis amigas, y a mi hermana, y a los otros perros y gatos del albergue (muchísimos, demasiados), y me puse a gemir y a llorar, hasta que llegó Él y me consoló (después de casi estrangularme por quince sitios distintos, por cierto) y conseguí dormirme.

A aprtir de aquel día comprendí dos cosas: que él siempre iba a estar a mi lado, y que más me valía no montar mucho escándalo... pero esto ya es otra historia. Como parece que está acabando lo suyo, voy a terminar lo mío, y ya continuaré otro día. Nos vemos.

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