jueves, 19 de mayo de 2011

De entendimientos y otras historias

Hoy no hace un buen día para pasear, no señor. Llueve, hace sol, te mojas, no te secas, vas hecho una pena y, además, los humanos no quieren que te acerques mucho a ellos, por si les manchas... ¡Como si ellos fueran limpios, vaya!

De todas formas, luego espero encontrarme con alguno de mis "amiguetes", como los llama mi dueño. ¡Estraño concepto ése! Si un perro me cae bien, meneo la cola con fuerza. Si nos apetece jugar, corremos. Si se pone pesado, le gruño, y a otra cosa. Y si el pesado soy yo, me aguanto con los gruñidos que me toquen, y a otra cosa. Eso sí, nos solemos entender con muy pocas "palabras", que tampoco hay para un testamento. Pero amigos, amigos... ni siquiera de mi vecino, que es un plasta de mucho cuidado, que ladra a la mínima, y encima me provoca para que yo ladre también (y luego me regañan por su culpa)

Eso sí, las sutilezas no están hechas para el alma perruna: si me caes bien, bien. Pero si no, ya te puedes ir preparando, que yo también tengo dientes y los sé usar. Debe de ser el sino de estos humanos tan raros: hablan, gritan, sonríen, se dan empujones, se pelean, vuelven a hablar, vuelven a gritar, y luego, tan amigos (vamos, que no hay forma de enterarse de por dónde van) Así me pasa, que yo tampoco me entero, e intento hacerle fiestas a quien sale corriendo, y paso olímpicamente de quien me quiere hacer un mimo... Ni yo los entiendo, ni ellos me entienden. Pero lo peor, lo más fastidioso, es que ni ellos se entienden a sí mismos, así que apañados estamos...

Ahora, siesta; luego, paseo (¿o paseos? me gusta más el plural...)

No hay comentarios:

Publicar un comentario