jueves, 14 de abril de 2011

Semana Santa

Ahora que está distraído, me voy a explayar un poco.

Se acerca (está ahí mismo) la Semana Santa, con sus procesiones de coches, de nazarenos, de "picaos", y de otros personajes que pueblan nuestra geografía, rica y variada donde las haya en lo cultural, en lo religioso y en lo festivo. Pero hete aquí que, en Madrid, unos supuestos "ateos" y "librepensadores", intentando ejercer "su libertad", pretendían coartar la de todos aquellos que, libremente y por convicción, o libremente y por curiosidad, o libremente y porque les pillaba de paso, querían asistir a la procesión católica del Jueves Santo. Acaban de publicar que la Delegación del Gobierno, ¡por fin!, ha prohibido la manifestación atea. Y el ¡por fin! no es porque yo apoye a los unos en contra de los otros, sino porque jamás entendí que los autoproclamados "defensores de la libertad" solamente defiendan la suya, y no la de los demás. Así que, sin que sirva de precedente, felicito a la Delegada del Gobierno en Madrid.

La cuestión, en el fondo, es el no respeto por nada que sea distinto "a los míos", lo que, en demasiadas ocasiones, se ha transformado en la muerte de alguien (el último que recuerdo, aunque no el único, es Carlos Palomino) que iba a reventar una manifestación "de los otros" o sufrió el reventón de la suya propia "por parte de los otros". Si vas a buscar pelea, la acabas encontrando; y si buscas otra cosa, igual el que acaba con los pies por delante eres tú, porque "el otro" fue más rápido.

Lo que no ha entendido aún toda esta jarca de "demócratas de toda la vida" es precisamente el fundamento de la Democracia: el respeto, desde la discrepancia, a las ideas de "el otro". Pero me temo que esto no se enseña, o no se hace muy bien, en "Educación para la Ciudadanía", que la asignatura está para otras cosas...

En cuanto se descuide, vuelvo a colarme, que este bicho es un poco dictador.

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