No sé qué le pasa, pero ayer mi dueño estaba cabreado. Y eso que, cuando se sentó delante de esa cosa cuadrada (¿la tele? No estoy seguro de su nombre) que se mueve y hace ruido, me llamó para hacerme unos mimos, y estuvimos jugando. Pero de repente se quedó quieto, y ya no me hizo más caso. No sé si fue porque estaba cansado, o porque le mordisqueé la mano más fuerte de lo que debía, o si tuvo que ver con algo que medio escuché, algo sobre cárcel, eta, troitiño (creo que sonaba así, más o menos) Y la frase, a continuación: "Ya están pagando otra deuda con estos". Creo que también soltó algún taco y algún insulto, pero de esas cosas no me suelo acordar.
Así que, con las mismas, me tumbé en la alfombra, y me puse a soñar con esos amigos del parque con los que estuve jugando por la tarde. Pero, de vez en cuando, no podía evitar el sentirme enfadado con la tele, porque dijo unas cosas que hicieron que él (que ellos, en realidad) se enfadara. Y eso no me gustó nada de nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario