viernes, 22 de julio de 2011

Los veterinarios y yo

¡Plasta, que eres un plasta! Por fin he conseguido echar a éste, y puedo escribir dos cositas, que es que no hay manera...

Hoy quiero hablar de mi relación con esa especie de salvajes que disfrutan, o al menos lo parece, haciéndonos daño. Y esto lo digo porque, casi siempre que hablan con mis dueños, tienen una sonrisa en sus labios. Y eso, dicen, es señal de alegría para los humanos, así que deben estar muy contentos cuando nos pinchan, nos meten cosas en los oídos o por otros orificios, nos arrancan o nos cortan pelos o nudos, y no sé cuántas cosas más. Y lo peor es que mi dueña (Ella, para entendernos) estudia para hacer eso mismo, y practica conmigo en casa. ¡No hay derecho!

Desde el primer día, cuando me pusieron el microchip y las vacunas, siempre he odiado las mesas que tienen en sus consultas. Frías, brillantes, resbaladizas. Creo que son los tres adjetivos que mejor le cuadran a esos malditos muebles. También recuerdo, aunque mucho más nebulosamente, la primera vez que me durmieron, y salí de allí con un collar espantoso alrededor de la cabeza, que no me permitía morder ninguna parte de mi cuerpo, y un cierto malestar cerca del rabo... Creo que me quitaron algo, pero no sabría decir qué.

En otras dos o tres ocasiones me han tenido lejos de ellos, encerrado en una jaula. Una, porque me puse muy malito, y otras dos, porque se empeñan en que me limpien los dientes, y para eso tienen que dormirme. Y luego, vuelta al collar espantoso. ¡Es que son de ideas fijas, estos humanos!

Y tengo un recuerdo más, muy poco agradable, que me da mucho miedo, porque en una o dos ocasiones me han dejado dentro de una jaula, con otros perros cerca, en jaulas vecinas, y se han marchado. Y eso a mí me produce una gran inseguridad, y me pone muy nervioso, porque no sé si van a volver... Hasta ahora sí lo han hecho pero ¿y si un día no, y me quedo solo? ¿Con quién voy a jugar? ¿A quién voy a perseguir? ¿Quién me va a tirar la pelota para que la coja al vuelo?

Vale, está bien, siempre han vuelto. Cuando estuve en el hospital, y cuando estuve en las otras jaulas, y siempre. Pero es que no me gusta estar solo. Por eso ahora, cuando hace calor, estoy más contento. Porque casi siempre están conmigo, aunque sea durmiendo, y me siento mucho más seguro. Además, si vamos por ahí, tengo mi sitio reservado en el coche y ahí sí que vuelven, siempre vuelven, siempre.

Me parece que están preparando cosas para ir a algún sitio. Lo mismo toca ya ver a la familia (de Ellos), así que me iré preparando para dormir durante el viaje... ¡Felices vacaciones, lectores de dos y de cuatro patas!

No hay comentarios:

Publicar un comentario