¡Qué gozoso fin de semana! Por fin, el cazador, cazado. Alí Babá consiguió que enchironaran a los cuarenta ladrones (puede que alguno menos, pero todo se andará), mientras el pueblo entero celebraba la noticia. Claro que, al final, resulta que el jefe de los ladrones tiene amigos, muy poderosos migos, y le juez le ha soltado. Imputado, pero libre. Esperaremos a ver dónde para todo esto...
Lo más gracioso del asunto son las reacciones de los compadres del encausado, sacando pecho por él (y los demás, claro): que si Calamar-0, que si Víctor Manuel (admirador confeso y cantante de Franco, no lo olvidemos), que si el Pollo Ramón (ya no le llaman ni de Tele5), que si el Caco (aún no ladrón, presuntamente) Senante... Curiosa patulea de sujetos, cuyo mayor mérito, aparte de haber publicado alguna canción más o menos interesante, y haber perpetrado muchos discos, es el vivir, de un tiempo a esta parte, arrimados al sol que más calienta, sin dar un palo al agua. Lo único que les ha faltado por decir es que ponían la mano en el fuego por Teddy. Aunque, claro está, hacen bien, pues deben ser muy conscientes de que, como lo hagan, se queman hasta el tuétano.
Además, resulta muy curiosa la unanimidad sobre este asunto, excepto los mangutas habituales, claro está. Y resulta aún más curioso el silencio desde el Gobierno, por lo menos hasta este momento. Igual la ministra Sinde tiene un arranque y rompe una lanza en las costillas de Teddy, digo, en favor de Teddy, para que quede bien claro de dónde van a venir los apoyos mediáticos para el PSOE en la próxima (ojalá que inmediata) campaña electoral.
Y también resulta muy curioso (y significativo) el silencio de la mayor parte de la patulea prograta, ahora que han descubierto que su adalid, el héroe de los pobres autores desamparados, el flagelador de piratas, no es más que (presuntamente) un vulgar chorizo, como (presuntamente) la mayoría de los que le apoyan y ayudan...
Pues eso, que estamos de enhorabuena, y esperamos seguir estándolo, conforme se vayan acumulando más datos y podamos saber hasta qué punto estaba de podrido el asunto. Y si, de paso, se lleva por delante a la Ministra, mejor aún, que así nos libramos de dos (o tres, o cuatro) por el precio de uno.
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